Todo comenzó desde que, en una noche de Año Nuevo, hace ya mucho tiempo, y cuando apenas y sin darme cuenta, estaba dejando de ser un niño, se me ocurrió enamorarme de mi vecina. Vivía en ese tiempo en Lima, en mi recordada casita de La Molina; una casa hermosa, de imagen imborrable, de tres pisos, cuyos pisos y paredes no podría olvidar mientras viva. Digo que se me ocurrió enamorarme de mi vecina, porque en realidad a ella la había conocido ya con mucha anterioridad.
Un pensamiento sin fronteras
Cinco años después de mi primer (y última, hasta ahora) publicación, siento la necesidad de retomar un rumbo, emocionado; pero que por mucho años había temido recorrer. El tiempo ha sido un río que ha traído mucha corriente, algunas piedras, y alguno que otro pez. También que me siento ya más seguro al haber explorado ya este río.El mundo, Estados Unidos de América, y el Perú, viven momentos delicados y, tal vez también de cambio. Yo sigo sirviendo comida italiana, deliciosa; sin embargo es un trabajo sin ningún futuro. He pisado el college y estoy a un par de meses de sacar mi primer título de educación superior; seguramente, eso debió pasar hace muchos años. Las mujeres son mi talón de Aquiles para alguien como yo, que no soy ningún Aquiles. Los recuerdos se acumulan y cada vez se hace más difícil desempolvarlos pero, milagrosamente, no importa qué tanto tiempo hayan sido relegados: sobreviven a todo. Y el mundo sigue girando; hace lo que se espera de él y, lo que a veces, quisiéramos que no hiciera de cuando en cuando.Todo ha cambiado; yo he cambiado y, para remate, estoy más gordo. Pero mi deseo de escribir no ha cambiado. Tomó un viaje para desaparecer, pero ha regresado. No es ambicioso, no es ninguna pasión y no existe como una manifestación incontrolable, pero tampoco dejó de existir; sigue allí y seguía allí, esperando un claro, una oportunidad para regresar, para poder impulsar Narraciones Sin Fronteras.
Publicaciones por Categorías
- Introducción (1)




